BREVÍSIMA HISTORIA DEL PAÍS

Para comprender mejor ciertas partes de vuestra visita, es imprescindible conocer algo acerca del país. Intentando simplificar al máximo (y con el riesgo que ello comporta) podemos decir que la Etiopía histórica, y ya no hablo del  mito de la reina de Saba sino del famoso reino negro cristiano en el corazón de África, se hallaba hasta el reinado de Menelik II limitado a la zona montañosa situada entre (simplificando muchísimo) Axum y Lalibela, incluso sin llegar a Addis.

La presión imperialista europea en la costa del Cuerno de África lleva a Menelik II, en el siglo XIX, a defenderse atacando, extendiendo sus dominios hacia el sur y estableciendo su capital en Addis; la extensión territorial de Abisinia en esos momentos era muy similar a la actual, sin incluir Eritrea. Este último enclave había pasado de depender de Omán a manos italianas. Tras Menelik se sucede la dinastía que llevará al poder a Haile Selassie formalmente en 1930, aunque como regente ya había gobernado el país anteriormente. Después de la segunda guerra mundial se reactiva la pasión imperialista europea, que en el caso de Mussolini impulsa la conquista italiana de Etiopía desde su ya bien establecida base de Eritrea.

El final de la guerra ve el retorno de Haile Selassie de la mano de los ingleses, pero conlleva un cambio importante en las fronteras ya que asigna Eritrea a su nuevo aliado. Desde prácticamente ese instante podemos decir que estalla el conflicto entre Etiopía y Eritrea. A pesar de la imagen abierta al exterior del régimen imperial de Haile Selassie, los cambios internos son mínimos y en 1974, tras hambrunas sin solución y con la tierra en manos de unos pocos señores feudales, se produce una revolución popular -estudiantes, obreros, ...- que se ven secundados por el ejército y acaban con el régimen (y la vida) de Haile Selassie.

Después de unos principios inciertos y de numerosas purgas políticas y militares, Mengistu Haile Marian se hace con el control del ejército y de la revolución. La invasión de parte del este del país por tropas somalíes apoyadas por la Unión Soviética decide a Mengistu a pactar con Moscú, su posterior visita a Brezniev le proporciona el apoyo necesario para ganar sus batallas con somalíes y eritreos, así como para proceder a una implacable limpieza interna de opositores. Así, en pocos años el país pasa de la incapacidad feudal de Haile Selassie al terror neoestalinista de Mengistu. La hambruna de 1985-6, que pone los pelos de punta a una Europa ya totalmente recuperada de la guerra, es tanto culpa de la sequía como sobre todo de la inoperancia del régimen para solucionar los problemas del pueblo, inmerso como estaba en las guerras con los vecinos y en las purgas internas.

La oposición armada se organiza en Tigra (norte de Etiopía) y en Eritrea, los dos frentes de liberación colaboran finalmente y consiguen derrocar a Mengistu en 1991, cuando el apoyo de la ex-URSS se acaba. El líder del movimiento de Tigra accede a la presidencia de Etiopía, y un referendum  en Eritrea ratifica la independencia del nuevo país. Parecería que la normalidad ya hubiera llegado a esta zona del planeta, con dos países en buenas relaciones y con promesas de democracia en ambos lados. La realidad actual es que el movimiento de Tigra continúa dominando el gobierno y que la democracia aún no ha llegado más que en apariencia, que los conflictos con los eritreos se reactivaron poco después hasta llegar a una nueva guerra sin cuartel a partir de mayo de 1999, y que el gasto prioritario parecen ser más los modernos helicópteros de combate recién adquiridos para la guerra del norte que las obras necesarias para garantizar el riego contínuo del país.

Porque a pesar de los preconceptos europeos, forjados por las imágenes de la mencionada hambruna de 1985-6, Etiopía es un país fértil en el que no suele faltar el agua. Sus altas montañas aportan el 80% del caudal final del río Nilo, aunque las periódicas sequías que ya habían provocado disgustos a sacerdotes y agricultores egipcios tres milenios antes siguen siendo motivo de preocupación. No existen prácticamente infraestructuras para el riego, dependiendo la agricultura en la mayoría de los casos de las siempre esperadas lluvias; para un país de unos 65 millones de habitantes que depende en un 90% de la agricultura, la mayoría de subsistencia, la falta de lluvias supone inexorablemente hambre y muerte. A pesar de ello, muchos etíopes priorizan la guerra contra Eritrea ante cualquier otra cosa, lo que a nuestro parecer no tiene lógica ni base histórica; pero para aquéllos que han visto a sus familiares y amigos morir en el frente o regresar mutilados (sólo mirar a nuestro alrededor nos hará conscientes de la magnitud de la catástrofe) no parece haber mucho espacio mental para la lógica y la razón histórica. Es la herencia de tantos años de imperialismo extranjero e incapacidad de sus líderes locales. Ojalá puedan salir adelante en un futuro próximo.