Algunas consideraciones personales

Tras un año y medio de tener la página en Internet, hemos visto que las páginas ha tenido cierto éxito. Esto ha sido así tanto para la versión en español como para la inglesa. Las dos versiones son ligeramente diferentes (para eso son versiones y no traducciones), pero lo más notable ha sido el muy diferente tono de los comentarios recibidos, que se podría resumir como sigue:

Ya antes de recibir ningún mensaje de parte de nadie habíamos intentado explicar en la primera página de la web explica cuál es nuestra intención: informar sobre lo que como turistas podemos aportar para mejorar el viaje de los que vayan después. Nada más, aunque sólo eso ya pueda sonar pretencioso. De todas maneras, el problema no son las discrepancias, sino la constatación de que la confrontación entre occidentales y africanos sensu lato es una realidad que es más notable (paradójicamente) cuando entras en contacto con aquellos africanos que más se parecen a los occidentales.

Reclamar la posesión de la verdad es una quimera, y podría explicar aquí cuál es nuestro punto de vista. Aunque tampoco existe "nuestro" punto de vista en cuanto somos tres personas los firmantes de la página y cada uno de nosotros, a pesar de nuestra afinidad, ya tiene opiniones matizadas. Así que prefiero transcribir unos párrafos del libro "Ébano", de Ryszard Kapuscinski, que escribe mucho mejor que nosotros y además conoce en profundidad de qué habla:

Desde el punto de vista formal -pero tan sólo formal- el colonialismo reina en África desde la conferencia de Berlín (1883-1885), en el cual varios países europeos (Inglaterra y Francia en primer lugar, pero también Bélgica, Alemania y Portugal) se repartieron todo el continente hasta la época en que África de independiza en la segunda mitad del siglo XX. Pero, en realidad, la penetración colonial había empezado mucho antes, ya en el siglo XV, y floreció a lo largo de los siguientes quinientos años. El comercio de esclavos africanos, que se prolongó durante trescientos años, fue la fase más brutal y abyecta de aquella conquista. Trescientos años de batidas, redadas, persecuciones y emboscadas que organizaban los blancos, a menudo con ayuda de compinches africanos y árabes. En condiciones infrahumanas, hacinados en las bodegas de los barcos, millones de africanos fueron transportados al otro lado del Atlántico para que allí, con el sudor de sus frentes, contruyeran la riqueza y poderío del Nuevo Mundo.

Perseguida e indefensa, África fue saqueada de sus gentes, arruinada y destruida. Quedaron despobladas vastas extensiones del continente y yermos de maleza cubrieron soleadas regiones de vegetación floreciente. Pero la huella más dolorosa y duradera la ha dejado aquella época en la memoria y la conciencia de los africanos: siglos de desprecio, humillación y sufrimiento han creado entre ellos un complejo de inferioridad y un sentimiento de daño moral jamás reparado que anida en lo profundo de sus corazones. ....

Pues bien, la diferencia racial, del color de la piel, constituye el tema central, la esencia y el meollo de las relaciones entre africanos y europeos; es la principal forma que estas relaciones adoptan en la época colonial. Vínculos, dependencias, conflictos, todo se reduce al lenguaje de las nociones blanco/negro, dentro del cual, evidentemente, el blanco es mejor, superior y más fuerte que el negro. El blanco, que se ha convertido en sir, master, bwana kubwa, es el incuestionable amo y señor, enviado por Dios para gobernar a los negros. Se ha inculcado al africano que el blanco es intocable e invencible, y que todos los blancos constituyen una fuerza compacta y maciza...

... A una ciudad así llegué por varios años como corresponsal de la Agencia de Prensa Polaca. Al circular por sus calles pronto me di cuenta de que estaba atrapado en las redes del apartheid. Sobre todo, revivió en mí el problema del color de la piel. Era blanco. En Polonia, en Europa, jamás me había parado a pensar en ello. Allí, en África, el color se convertía en un indicador muy importante, y para gentes sencillas, único. Blanco. El blanco, o sea colonizador, saqueador e invasor. He conquisado África, he conquistado Tanganica, pasé a cuchillo a la tribu del que ahora está delante de mí, me cargué a todos sus antepasados. Lo convertí en huérfano. Un huérfano, además, humillado e impotente. Enfermo y eternamente hambriento. Sí, cuando ahora me está mirando debe de pensar: el blanco, el que me lo arrebató todo, el que descargó latigazos en la espalda de mi abuelo, el que violó a mi madre. Ahora lo tienes delante, ¡míralo bien!
No supe solucionar dentro de mi conciencia el problema de la culpa. A sus ojos, como blanco, yo era culpable. La esclavitud, el colonialismo, los quinientos años de sufrimiento no dejan de ser un turbio asunto de los blancos. ¿De los blancos? Así que también es asunto mío. ¿Mío? No lograba despertar dentro de mí ese sentimiento purificador y liberador que consistiría en sentirse culpable. Mostrarse arrepentido. Pedir perdón. ¡Todo lo contrario! Al principio intenté contraatacar. "¿Que vosotros fuisteis colonizados? ¡Nosotros, los polacos, también! Durante ciento treinta años fuimos colonia de tres estados invasores. También blancos, por más señas." Se reían, se daban golpecitos en la frente en un gesto más que elocuente y se marchaban cada uno por su lado. Yo los irritaba porque pensaban que quería engañarlos. A pesar de mi interna convicción de inocencia, yo sabía que a sus ojos era culpable. Aquellos muchachos descalzos, hambrientos y analfabetos tenían ante mí una superioridad ética, la que una historia maldita confiere a sus víctimas. Ellos, los negros, jamás habían conquistado, ocupado o esclavizado a nadie. Podían mirarme con un sentimiento de superioridad. Pertenecían a una raza que, si bien negra, era pura. Entre ellos me sentía débil, sin tener nada qué decir.

En el prólogo del libro explica algo que bien podría ser la moraleja:

... De manera que éste no es un libro sobre África, sino sobre algunas personas de allí, sobre mis encuentros con ellas y el tiempo que pasamos juntos. Este continente es demasiado grande para describirlo. Es todo un océano, un planeta aparte, todo un cosmos heterogéneo y de una riqueza extraordinaria. Sólo por una convención reduccionista, por comodidad, decimos "África". En la realidad, salvo por el nombre geográfico, África no existe.

Bien, es su opinión, pero creo que muy bien documentada y sobre todo intensamente vivida. Me identifico con él cuando recuerdo que nos han dicho "no podéis escribir sobre un país después de un viaje de sólo 19 días", o "un país con una historia milenaria no se puede reducir a unos hoteles sucios y a montañas de moscas tsé-tsé", o "vuestra visión es estrecha, tribalista y paternalista". Que tampoco es eso evidentemente, pero creo que en el fondo el problema es el mismo que él explica, más allá de que estas opiniones sean o no lógicas. Esta web no es para recomendar libros, pero si tenéis tiempo leeros éste y los de Reverte.

En mayo de 2001, en televisión (Tele 5) emitió un reportaje con el título genérico de "El peso de la tradición" en el que se mostraban sin tapujos mutilaciones bestiales a niñas etíopes: ablación, infibulación, etc, que cada vez que recuerdo me ponen los pelos de punta, como supongo que se los puso a toda España. Tal como se emitió y teniendo en cuenta los comentarios de los periodistas en estudio (ciertamente diferentes de aquellos que estaban en directo grabando y conociendo todo el entorno) parecía que aquella gente fuera poco menos que bestias salvajes con sus propios hijos. Y tampoco es eso.

Mi problema es intentar entenderlos y a la vez mirar a la cara a la niña a la que han mutilado. Creo que es muy difícil ser tolerante con estas costumbres, pero tal vez sea cuestión de intentar explicarlo y que ellos mismos decidan. Tampoco se puede ir dando lecciones de nada, nosotros los grandes maestros de la ética y poseedores de la verdad absoluta, hijos o nietos de los colonialistas que les machacaron.

Resumen: los problemas de África son tremendamente complejos y las posiciones intransigentes no ayudan para nada a la mutua comprensión. Y una vía para intuir y conocer es viajar allí con los ojos bien abiertos, ni que sea como turista.

Y todo esto, ¿a qué viene?

Como ya se ha expresado, todo este tema es muy complejo, se han escrito montañas de libros, y por lo que parece se está muy lejos de la comprensión mutua. Pero aunque nos sepa mal, nosotros no somos más que turistas, con nuestra propia percepción de las cosas, pero no pretendemos juzgar lo que desconocemos. Es cierto que vamos allí para ver tribus y animales, paisajes y pueblos, de la misma manera que otros vienen a España para ir a la playa, beber sangría, ver flamenco o ir a los toros (y nadie les reprocha que no vengan a conocer la realidad del entorno que visitan, que para eso son sus vacaciones). Para quien esté interesado en estos problemas y los quiera conocer en profundidad, aparte de tener que viajar y conocer en directo, ya se han escrito libros sobre imperialismo, colonialismo, globalización, esclavismo, orientalismo, etc. por personas que saben mucho más que nosotros y que se pueden comprar o consultar en casi cualquier parte del mundo. Por eso repetimos otra vez lo que se dice en la página de inicio:

  • Creamos esta web para todas aquellas personas que están planificando un viaje a Sur de Etiopía o simplemente desean saber más sobre esta parte del continente africano.
  • Creamos esta web porque antes de emprender nuestro viaje hubiéramos agradecido leer algunos consejos y recomendaciones, pero encontramos muy escasa información.
  • Creamos esta web para compartir con vosotros nuestras experiencias y animaros a conocer este maravilloso país que tanto nos ha enseñado.